“Amor y vida. El viento.”

Imaginamos la brisa sobre nuestro rostro, sobre la piel todavía sin quebrar. Nos arrulla, nos rodea. Como un abrazo. Más tarde llega el viento. Ya no es suave, ya no es tierno. No viene solo. El viento nunca viene solo. A veces trae tormenta y a veces tempestades. La piel ya está agrietada por la edad, pero el aire nos hace, igualmente, daño.


La propuesta poética de José Manuel Almeida es brisa, viento y tormenta, a veces tempestad y huracán. El aire del que nos habla son los acontecimientos inesperados de la vida. En ocasiones, los recibimos con gusto, incluso los deseamos; otras veces, nos sorprende su llegada y su violencia.


Esta violencia nos la describe en versos breves, entre-cortados, de aparente sencillez y casi con una absoluta ausencia de artificios retóricos. Con ello, su experiencia nos llega a las entrañas. Podemos no haber vivido sus vivencias, podemos desconocer, incluso, los orígenes del dolor. Pero el dolor está ahí, ha ajado la piel, ha oscurecido el recorrido hacia la muerte, que es el fin, y a pesar de estar ahí, agradecemos sus versos, su visión del amor y de la vida.


Los versos de Almeida Gordillo hablan del dolor pero con frescura, de la soledad con optimismo, de la crueldad con delicadeza. Y no son paradojas, sino que la vida para él, es sinónimo de grandeza. La vida es obsequio, tanto cuando el viento la empuja como cuando la zarandea. La vida es, al fin y al cabo, la única posesión del poeta.
Y por otro lado están las quimeras, como monstruos imaginarios, como imaginaciones engañosas, como riñas –con uno mismo o con lo externo–. Y es que el diccionario nos da tantas opciones para interpretar las quimeras como veces se nos muestra en Amor y vida. El viento. También están las utopías, o quizás, la utopía. Puede ser siempre la misma: el deseo del poeta en busca del equilibrio; o pueden ser diferentes: el equilibrio o el amor; o desde otra perspectiva: el estremecimiento emocional.


Encontraremos más elementos recurrentes que nos permiten ver la imagen de un poeta preocupado por el paso del tiempo y de la desaparición de la carne. Los recuerdos y los pasos andados son una constante en sus poemas, no poder recuperarlos; ni siquiera con la mirada, porque para el poeta, mirar atrás es regresar la vista hacia el dolor. El poeta anima al lector a aprovechar las primeras oportunidades, porque cree, o así lo deja vislumbrar, que las segundas no son más que esas quimeras o utopías de las que hemos hablado.


En el discurso lírico de José Manuel Almeida Gordillo hallaremos su ADN poético. Él no pretende cambiar el mundo salvo que el mundo pueda cambiarse a base de versos. En el mundo literario parece necesario adscribirse a una generación, a una tendencia y, sin embargo, también es necesario aportar algo diferente. Lo común en Amor y vida. El viento es la brevedad, la sencillez y la comunión con el resto de individuos dolientes; lo propio es la experiencia de la memoria, y ¿qué nos dicta la experiencia teniendo en cuenta que no podemos volver atrás?
En unos momentos sus versos nos habrán engullido, entonces…
Jesús Feliciano Castro Lago.

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